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¡Abandona la Pereza!

Por Nelson Matus

Una de las grandes problemáticas en el trabajo ministerial es que tenemos muchos colaboradores llenos de buenas intenciones pero con una indisciplina y pereza alarmantes. Hombres y mujeres que se comprometen a servir, pero que a causa de la pereza e indisciplina no logran ofrecer un ministerio que honre al Señor y que edifique a sus hermanos y hermanas en la fe.

Es indudable que la iglesia latinoamericana necesita mayor compromiso con la excelencia y la disciplina. Hay un constante desfile de predicadores improvisando sermones cada semana, maestros de escuela dominical preparando sus clases en el último momento, impuntualidad constante y programas mal planificados. ¡Cuántos proyectos comenzados y nunca terminados!

El proverbista, nos quiere poner ejemplo. Un pequeño ejemplo de la tremenda importancia de erradicar la pereza y la falta de diligencia. Un ejemplo maravilloso en Proverbios 6:6-8. En este artículo, les propongo 3 cosas que podemos aprender de la hormiga con el fin de erradicar la pereza de nuestro carácter.

1. El perezoso es necio (v. 6)

La pereza no es algo nuevo, con mucha razón estos antiguos proverbios nos incentivan a mirar a la hormiga como un buen ejemplo de trabajo. En el versículo 6, hay una invitación a observar a esos pequeños insectos que nos llevan años luz de distancia en disciplina, dedicación, constancia y trabajo. ¿Cómo es posible que las hormigas trabajen tan dedicadamente por alimentarse y sobrevivir y nosotros no podamos tener mayor dedicación por las cosas del Reino de Dios? Es de necios ser perezosos y desperdiciar la vida.

¿Es posible que líderes, inclusive graduados de seminarios, sean perezosos en el estudio? Tristemente, admitimos que sí. Esta mañana, dije a mis estudiantes del seminario: Si hoy no vinieron preparados para su examen, arrepiéntanse de su pereza e indisciplina y establezcan prioridades bíblicas en la administración del tiempo.

Spurgeon dijo: “No obtendremos grandes predicadores de mediocres estudiantes”. Es ciertísimo esto, no deberías exponer la Palabra de Dios, si honestamente no tienes un buen fundamento de estudio y una dedicación apasionada por esas verdades que pretendes enseñar a otros.

Dejemos las excusas y digamos las cosas como son: No culpemos más a la cultura latina por nuestra pereza para estudiar las Escrituras, por nuestra pereza para prepararnos y por nuestra pereza que nos lleva a ser impuntuales y faltos de compromiso. Abandona la necedad, reconoce que tu pereza es pecado y confiésalo delante de Dios. No seas necio (Prov. 26:26 y 3:7)

Nos falta reconocer con humildad que hemos sido perezosos, que las buenas intenciones no bastan para ofrecer un servicio de excelencia al Señor y a los santos. Por eso el proverbista nos dice: Mira sus caminos y sé sabio. Sabio es aquel que aprende del trabajo de las hormigas y erradica de raíz esa pereza en la que está sumergido.

2. El perezoso sirve al ojo (v. 7)

Esta es la segunda enseñanza. Tristemente, pastores, líderes de ministerio y personas que ministran en el servicio al Señor son perezosos y sirven al ojo. El proverbista nos ofrece algo interesantísimo en el versículo siete: las hormigas no tienen capitán ni gobernador. ¡Auchhh! Eso es una clara evidencia para saber si eres un perezoso. El perezoso sólo trabaja cuando es supervisado, pero cuando no tiene “capitán” encima no trabaja y no logra nada más que desperdiciar su tiempo. (Prov. 21:25)

Las hormigas trabajan con dedicación, pero no bajo el agobio ni el acoso de un gobernador, ellas lo hacen porque el trabajo dedicado es algo esencial para conseguir lo que necesitan para su mantenimiento. Aprendamos iglesia latina, dejemos la pereza y la falta de disciplina, dejemos de servir solo cuando el ojo de otro está encima nuestro.

Ay de aquellos que sirven solo cuando su líder de ministerio o su pastor los está supervisando de cerca. (Efesios 6:6-7) Dios no desea trabajadores que sirvan al ojo, entonces, mucho menos los pastores y líderes de la iglesia.

El perezoso es así, tiene un concepto inadecuado del valor que tiene el tiempo. El perezoso es alguien que desperdicia el tiempo y no valora la vida que Dios le ha dado por gracia. Puede ser alguien de buenas intenciones, pero que no traduce esas buenas intenciones en un servicio de excelencia que honre el nombre de Cristo. Con mucha razón el proverbista también dijo: El alma del perezoso desea y nada alcanza (Prov. 13:4). El perezoso es aquel de buenas intenciones que, si continúa en su pecado, nunca logrará ofrecer un trabajo de excelencia.

3. El perezoso no planifica con anticipación (v. 8)

Finalmente, la tercera lección que aprendemos de la hormiga, es la anticipación. Noten en el versículo 8 que dice: La hormiga prepara su comida en verano y en el tiempo de la siega su mantenimiento.

¿Te preparas con dedicación y excelencia para tu servicio al Señor? Esta es una pregunta en la cual vale la pena reflexionar. Permite para ti mismo una reflexión seria y honesta para que puedas avanzar en esta área de tu carácter, deja las excusas.

Podemos decir que la hormiga con anticipación comienza su trabajo, ella tiene una visión de futuro y trabaja en pos de cumplir con esa visión. Pero ¿Por qué entonces tenemos tanta indiferencia hacia la preparación? Dios no está en contra de la planificación, la preparación y el trabajo anticipado. El peligro está en creer que nuestro éxito ministerial depende de eso.

Realmente ¡solo dependemos de la obra del Espíritu Santo! Pero Su obra, no anula en ninguna manera nuestra necesidad de trabajar con anticipación y excelencia. Pablo admitió: “Antes, he trabajado más que todos ellos, pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo (1 Cor. 15:10). No es la preparación, es la gracia de Dios obrando por medio del Espíritu Santo. Pero se requiere en todo diligencia (Rom. 12:11).


Nota del editor: Espera una segunda parte de este artículo en el cual te daremos consejos prácticos para que abandones la pereza.

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